Cómo nos afecta el entorno - Alejandra Liliana Tavío Aguilar

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Cómo nos afecta el entorno

...esta perspectiva nos permite abordar el estrés como situación. En el ser humano, sabemos el papel que desempeña la experiencia en la percepción de los estímulos (en la base de los procesos de aprendizaje). Para un lactante una pelota no es nada, una mancha de color, que llegará a ser un juguete que da placer tras la experiencia de manipularla, a partir de ese momento la pelota dejará de ser una mancha y se transformará en un juguete en cualquier ocasión.
Y también sabemos que todas las actividades intelectuales pueden ser percibidas como estímulos: pensar en si mism@, en una idea, una fantasía, un sueño, pueden actuar como desencadenantes, por si mismas, de situaciones de estrés.
Todos los estímulos son captados a través de la percepción exterior e interior y no se distinguen básicamente en lo que respecta a su efecto aversivo y específico sobre el sistema nervioso vegetativo y el organismo en su totalidad.
Sólo existe una diferencia cualitativa en las distintas posibilidades que tiene la persona para “tratar” esos estímulos o para hacer activamente algo contra de ellos, para poder controlarlos, y son sus posibilidades especiales de dominación activa (coping) que puede utilizar ante su presencia, o por el contrario, la vivencia subjetiva de la impotencia , el no detectar y el no poder hacer nada contra ellos, o los intentos sin éxito, de dominarlos.

Durante la década de 1920, el neurólogo y fisiólogo norteamericano Walter B. Cannon descubrió que cuando un organismo tiene miedo o se enfrenta a una emergencia, su cerebro responde activando el sistema nervioso simpático. El ritmo cardiaco y la respiración se aceleran, la sangre abandona los estratos superficiales de la piel y se dirige hacia los músculos proveyéndoles una mayor cantidad de oxígeno, provocando a su vez determinados sentimientos vividos de manera subjetiva. Todo esto capacita al organismo a responder a la emergencia (estímulos provocadores de estrés) bien sea luchando o huyendo de la misma. Esta reacción “a corto plazo”, es lo que permite que frecuentemente se hable de "estado de estrés".
Cuando este estado de emergencia se prolonga, se produce una respuesta más compleja que produce daños al organismo, principalmente a causa de la elevación de adrenalina y hormonas corticosteroides secretadas por las glándulas adrenales.
Así, existen estudios de laboratorio con animales a los que se les sometió a situaciones de estrés prolongadas, observándose un proceso de envejecimiento prematuro en su organismo. Estas reacciones a “largo plazo", producen en el ser humano efectos similares, en donde se ven alterados el rendimiento físico, el sistema inmunológico, así como nuestra capacidad mental o nuestro estado psíquico general, hablando en este caso del estrés como una "predisposición a la reacción" o "impresionabilidad".


 
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