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La Pasarela

Publicado por Silvia Martínez Coronel en Colaboraciones · 16/1/2015 17:50:58
Tags: Trastornosconductuales

LA PASARELA de Silvia Martínez Coronel:

Se levantaba temprano, antes de que el sol saliera, es que hacía un tiempo que no podía conciliar el sueño, y si lo hacía la invadían las pesadillas, entonces, prefería levantarse, aunque por una hora o dos, el viaje al baño era rutina, arcadas, vómitos, diarrea.
Luego de superado el ritual de las manifestaciones de su ansiedad, se apostaba frente al ordenador, no abría los mails, le daba miedo que trajeran malas noticias, también por eso, casi nunca atendía el teléfono. Rara vez salía de casa, a no ser por alguna urgencia, y cuando lo hacía seguro le venían mareos en el camino. Lo que hacía era abrir Facebook, y chatear con algún desconocido, de los múltiples contactos que tenía.
Lo peor llegaba al mediodía, era el momento cúlmine de su angustia. Su casa era invadida por el olor de la comida, y se ponía perfume en la nariz para no sentirlo, también echaba perfume de ambiente, pero todo era inútil, nada podía con su apetito y terminaba abriendo con la llave que tenía a mano el freezer y poniendo mucha comida a hacer. Luego venían los atracones, y el llanto sobre la comida que ingería; y continuaba comiendo, hasta que el organismo decía basta, y ella se arrollaba en el suelo en posición fetal, unos segundos, y luego corría al baño a ponerse los dedos en la garganta hasta provocarse el vómito. Después de hacerlo, le venía un repentino bienestar, bebía agua, y encendía el televisor. Le gustaba mirar programas de chismes argentinos, donde se destapa la vida de las modelos y actrices que ella adoraba, todas tan delgadas y bellas como a ella le gustaría ser, no esa gorda asquerosa que era.
De repente, se levantaba y descubría alguno de los espejos que tenía tapados, y veía como su silueta ocupaba todo el cristal, entonces se golpeaba a sí misma hasta lastimarse, y volvía a tapar el espejo.
A la tarde llegaba rigurosamente el médico que le hacía los controles, y ella miraba con indiferencia. Llegaba con su madre. Descubría en ella la cara de piedad, y oía la conversación de siempre, que era mayor de edad, que no podía internársele en contra de su voluntad. La madre insistía, y ella se tapaba los oídos, hasta que les cerraba la puerta, cuando se marchaban, su madre a la fuerza, echada por ella, y con la amenaza de traer a la policía.
Hasta que un día, la madre le dijo:- llamá, yo de acá no me muevo hasta que consiga que te internen. Ella le dijo:-bien, por mí quédate, total, de aquí no me movés.
Lamentablemente, por mucho que batalló, la madre no logró que lo hicieran, ni en la etapa final, en que Mariana seguía lúcida.
Hasta que un Jueves de Mayo, la enterraron, en un ataúd pequeño, suficientes para albergar sus 37 quilos.

Silvia Martínez Coronel-derechos registrados.




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